A principios de la década del 2000 la competitividad era un concepto poco conocido y el de Cluster todavía menos conocido.
Había una limitada articulación de los actores, no había interlocutor efectivo en las regiones, las interrogantes eran muchas sobre el sector sin que hubiera respuestas muy claras y el desarrollo turístico se hacía de espaldas a la comunidad.
En el año 2003, USAID decide donar dinero para el desarrollo de varios rubros de la economía del país, entre los que se encontraba el turismo, a través de un contratista ejecutor que era Chemonics Internacional. Con un monto del Proyecto de US$ 7.2 millones, una vida de 4.5 años (3/2003 – 9/2007) y un enfoque en dos sectores principales: turismo y agronegocios, el proyecto incidió en:
- Reformas de políticas económicas
- Capacidad de comercio internacional
- Asociaciones estratégicas de los sectores público y privado (desarrollo de agrupaciones)
En el área de Turismo, el proyecto apoyó directamente el desarrollo de los clusters turísticos de La Romana/Bayahibe, La Altagracia, Puerto Plata, La Vega (que incluía a Jarabacoa y Constanza), Samaná y Barahona.
Además, se hizo una alianza estratégica con el Consejo Nacional de Competitividad (CNC) para apoyar el desarrollo de clusters, específicamente el cluster Turístico de Santo Domingo y el de Turismo Sostenible de Pedernales.
Esto trajo como consecuencia un impacto transformacional en el ámbito del turismo dominicano:
- Nuevos Negocios y Paradigmas Sociales
- Sostenibilidad
- Capital Social Creado
El Consorcio Dominicano de Competitividad Turística (CDCT) nace entonces como una organización dominicana que busca seguir ayudando a institucionalizar este apoyo a los clusters, promoviendo sinergias con las instituciones públicas y los donantes que brindan su apoyo al sector.







